Los días pasan demasiado rápido y las ganas de comenzar las clases son más que evidentes. El momento ya está ahí a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, nos hemos dedicado a seguir explorando la ciudad, a disfrutar del buen tiempo (me temo que será una de las cosas que más vaya a echar de menos los próximos meses. Eso, porque el jamón ya lo tengo envasado al vacío en una estantería de la cocina) y a conocer la escuela.

Y menuda escuela. Tengo sentimientos contradictorios: por un lado me alegra decir que KABK por el momento pinta como un lugar increíble respecto a mis anteriores referentes. Pero por otro: las comparaciones son odiosas. Y supongo que es complicado de entender para quien no haya pasado por aquí (quizás ni yo mismo lo hubiera podido entender antes), pero he estado en este lugar en momentos puntuales, un par de veces durante su Open Day (día de puertas abiertas alumnos y docentes realmente se entregan para dar lo mejor de ellos y mostrar a futuros estudiantes de lo que son capaces de hacer y de organizar), también durante una graduación y ahora como alumno al inicio del curso. Y el ambiente que se respira… es totalmente diferente a cualquier cosa que hubiera visto hasta ahora. Tiene que ver con demasiadas cosas: La escuela como edificio respira creatividad por sus cuatro costados pues siempre en cualquier rincón de ella están pasando cosas, pero no es eso lo que más destacaría sino la ilusión visible en las caras de alumnos y profesores. Las ganas por hacer cosas, por aprender, por ser mejor y de enseñar a los demás. Ese sentimiento de comunidad y de orgullo de haber pasado por KABK (Cómo para no estarlo pues se juntan aquí un buen puñado de los mejores profesionales a nivel mucho más allá de las fronteras de este pequeño país)… También ese empuje a los alumnos a crear, experimentar, probar nuevas cosas y llegar al límite. La libertad y la tolerancia. El mundo real del diseño ya es demasiado duro a menudo como para que desde el lugar donde uno tiene que formarse y soñar te empiecen a poner piedras en el camino que coarten tu desarrollo como profesional y como persona.

Quizás lo parezca, pero en realidad esto no es una crítica a ninguno de los anteriores centros por los que he pasado pues creo que he tenido realmente suerte y una bastante buena formación (así la he elegido). Creo que es una crítica – o reflexión – al sistema educativo español en general, a la comunidad educativa y también una crítica a nosotros mismos como personas y como estudiantes. A esa sensación de inmovilidad y dejadez que he notado en mi propio país y que se transmite desde arriba hasta lo más bajo (y lo que es más importante: creo que es una actitud que va mucho más allá de las aulas, ya es algo social). Quizás en ciertas cosas tenemos más recursos de los que creemos y simplemente no sabemos hacer uso correcto de ellos para aprovecharlos. Si eso es la marca España, por favor, que no bombardeen mi buzón con más flyers de promoción de esa marca. En ésto, en lo que he conocido en todas mis visitas a este lugar, siento envidia de la marca Holanda porque se ve en sus caras, en sus palabras y en sus actitudes una ilusión y ganas por hacer cosas y seguir adelante que me da verdadera envidia. Eso tendría que ser una Escuela de Diseño. Y hay que decirlo, porque callarse, resignarse, carecer de autocrítica sería continuar equivocadamente con los mandamientos de la marca España.

Así que definitivamente el estar aquí es un sueño bastante grande hecho realidad y cada día que pasa entiendo y valoro la suerte que tengo por estar en este sitio pues sé que su paso por él hará de mi una persona completamente diferente.

A parte de todo esto y volviendo a cosas más banales, hemos estado conociendo la escuela mediante diferentes jornadas de orientación para los alumnos internacionales (bastante útiles), nociones básicas sobre el país y la ciudad, haciendo algún que otro taller – usar el de letterpress de KABK por primera vez ha sido toda una experiencia – y realizando un viaje a Zandmotor con la artista Cocky Eek junto a la cual conocimos este precioso lugar (sorprendentemente el agua del mar del norte estaba realmente calentita): A modo de resumen. Zandmotor (o el motor de arena) es un experimento que ha llevado a la creación de una península artificial de arena en la costa Holandesa con una superficie de alrededor de un kilómetro cuadrado. Se pretende con él estudiar la acción del agua, el viento y otros agentes a lo largo de los años.

Un lugar realmente interesante del cual os dejo un puñado de fotos a continuación.

Erik Van Blokland, director de Type and Media
Den Haag Zandmotor
Cocky Eek

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