Paris. Hace ya más de un mes que nos escapamos a la ciudad de la luz para disfrutar de ella y sobre todo de sus letras. Fueron 7 horas de viaje desde La Haya hasta en centro de la capital francesa, que sin embargo pasaron como una exhalación y supuso cruzar Bélgica.

Aún a uno le cuesta ubicarse en esta parte del mapa y entender el hecho de tener tantas capitales Europeas alrededor, es algo que asombra. Y subirte a un autobús que hace paradas en pocas horas en 3 países diferentes es algo que choca cuanto menos.  De alguna forma se entiende un poco más el aislamiento de España al que tradicionalmente ha estado sometido como país. Al margen de posibles motivos históricos o políticos, la situación geográfica y el hecho de ser una gran península rodeada de agua puede que no ayude.

Paris de noche es algo para recordar. El mejor espectáculo y más barato que ofrece la ciudad.

Por supuesto aprovechamos la visita para acercanos al estudio de algunas de esas personas que admiramos por su trabajo y que suponen un referente, como es el caso de Jean François Porchez y Typofonderie. Fue un placer visitar ese lugar donde se crean tipografías para el mundo y tuvimos la oportunidad de escarbar en la enorme y rica biblioteca de Jean François, que cada pocos segundos nos mostraba una nueva joya. Desde especimenes originales de las tipografías en las cuales estamos trabajando en su revival, hasta dibujos originales de Jan Tschichold para Sabon pasando por algo con cierto sabor español que Jean François sabía que me iba a gustar: el especimen de Super Veloz.
El día siguientes nuestro tour nos llevó a otro templo del diseño de tipografía como es la fundición Production Type y de nuevo fue un placer hablar con su fundador y director Jean Baptiste Levée sobre la industria del diseño de tipos y lo que supone formarse como alumno en europa en dicha materia.

Una de las cosas de amar las letras es también el lógico interés por su origen para conocer su evolución, eso hace que cualquier letra tallada en piedra sea una maravilla a observar. Así que parada obligatoria era el cementerio Père-Lachaise. Fue curioso. No era la primera vez que visitaba este lugar y éso fue lo que precisamente me hizo pensar en cuanto cambian las cosas. La anterior vez que visité ese lugar fue en mi primer año durante los estudios de Diseño Gráfico. No quiero hacer pública la cuenta de los años que ha pasado desde eso, pero creedme, son bastantes. Y uno se da cuenta que tantos años después sigue estando interesado por lo mismo (o bastante relacionado) y se da cuenta que es real. Pero al mismo tiempo, mis ojos al visitar ese lugar son diferentes que los de aquel Carlos de 18 años. Desde entonces no he dejado de cumplir alguna que otra meta y supongo que son ellas las que me hicieron volver a ese lugar para fotografíar unas letras y calcar otras.
Sinceramente, no podíamos despedirnos de Paris sin una visita a Montmatre para perdernos entre sus calles, que aún llenas de turistas y más convertidas en un parque temático que en otra cosa, siguen teniendo su encanto especial porque de repente sin darte cuenta apareces en una esquina realmente bucólica y pintoresca. Ah, eso y una visita a nuestra última parada tipográfica: Black Foundry, donde el equipo completo nos recibió para enseñarnos su trabajo y también nos invitaron a compartir partidas a SuperMario Kart y una increible cena china. Gracias.
 <3 Paris.